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La Sombra De Isis

Mujer contra Mujer (y no es amor)

Mujer contra Mujer (y no es amor)

soy una feminista convencida, porqué soy una humanista convencida. No hago repartos por género, por religión ni colores de la piel.

Me identifico con la lucha de las mujeres, porqué soy mujer y estoy muy orgullosa de serlo.

Como ser humano me gusta ayudar a otros seres humanos, pero como eso es muy general, desde hace un tiempo, centralicé mi granito de arena en ayudar a mujeres maltratadas.

Recuerdo que cuando me metí de lleno en el tema pregunté, ¿qué hay de las denuncias falsas? me contestaron son ínfimas, menos de un 3%.

En el transcurso de mi vida había tenido la desgracia, de haberme encontrado a las personajas de ese 3% a dos personalmente y a una de oidas.

Son personajes que me producen tanto o más desprecio que un político corrupto, ya que con su avaricia y descerebrada ambición corrompen todo lo que tocan, ensuciando de paso todo un colectivo. Son traicioneras, falsas y carentes de todo tipo de escrúpulos.

Estas tipejas, son mis enemigas. Porque tanto o más se ayuda a las víctimas reales con apoyo juridico y psicológico. Como cazando a estas farsantes, malas mujeres, que lo único que hacen es ir...

Mujer contra Mujer.

No es bonita la vejez

<b> No es bonita la vejez </b>

No es bonita la vejez. No es bonito en que nos convierte y en lo que nos convertimos para los demás.

Yo no tengo padre, ayer hubiera cumplido 89 años. Nunca fue un padre cariñoso al uso, fue un padre dictador y lleno de reglas y normas. Para los demás, eso sí. su escala de valores para sí mismo tenía otros colores.

En su escala familiar estaba, la recitud, el orden y el mando militar. No, no lo era, pero.

Tuvo una dura infancia, niño de la guerra civil. Quedó huerfano en plena pos guerra de padre. Siendo el varón mayor de una familia numerosa, con doce años se convirtió en el jefe de familia.

Esa situación logicamente le imprimió un caracter que acorde con la epoca le convirtió en un pequeño dictador.

Yo aprendí muchas cosas buenas de mi padre. Aprendí a luchar, a no conformarme, a rebelarme ante lo que yo creía injusticias, a no dejar que nada ni nadie me pisara. A saber mis derechos y ejercerlos.

Yo contaba siempre con su apoyo y su respaldo si algún trabajo no me parecía correcto o no estbana siendo dignos conmigo.

También aprendí a temerle, era un hombre de un gran caracter y si se daba el caso mano larga.

Cuando murió mi madre, aprendí a quererle a conocerle más y a sentor el caiño que te producen esas personas mayores que por tanto han pasado.

Y luego llegó la vejez, la autentica vejez, que coje a una persona y la va convirtiendo en la sombra de ella misma.

Las manías, los relatos repetidos, las limitaciones físicas, con el tiempo hasta la total ausencia de dignidad que traen consigo las enfermedades.

Jamás perdió la cabeza, ni su genio, ni sus "cojones". Pero la vejez es fea, muy fea.

Y cuando por fin se fue. Pudo más el alivio de librarse de ella que la pena por el ser querido.

Felicidades papá.

Efemérides

<b> Efemérides </b>

Tal día como hoy, jueves para más señas. Hace ya la friolera de medio siglo. Tuvo a bien mi persona, mejor dicho mi mini-persona, aunque grande para esa edad, pues cinco kilos no son pocos, de hacer su entrada triunfal en este mundo.

Mundo por otra parte, durante más de treinta y pico años, jamás entendí y que se me figuraba, hostil e incomprensible.

No recuerdo muchas cosas gratas de mi infancia, aunque haberlas, haylas que dicen las meigas allá por el norte.

Como niña sin diagnosticar, que dicen ahora, sufrí durante cuatro años de anorexia-bulimia y Pica (engullir o chupar productos no comestibles). Trastornos todos mentales asociados a la alimentación. No por eso, dejé de ser una niña obesa, ya que mi madre y mi abuela se encargaron de que no muriera de inanición. Yo voluntariamente solo engullía, tizas, chupaba el yeso de las paredes y me deleitaba chupando fotografías mates de las de antaño que tenían una especie de granulado que hacia ventosa en mi pequeña lengua, produciéndome un verdadero placer lamerlas y despegarlas de tirón.

No fue hasta mi adolescencia, tiempo mental y hormonalmente turbador, que no tuve la sensación de ser un poco dueña de mi destino. Descubrir la atracción que producía en el sexo opuesto, fue tan sorpresivo como halagador, ya que yo no tenía muy buen concepto de mi misma y al tener una familia tan grande y tan ocupada en sus propios quehaceres, siempre me sentía como hambrienta de amor hacia mi persona.

Fue por aquel entonces que conocí a mi primer marido y a la larga padre de mis dos hijos. Podría calificarle como mi primer amor, ya que aunque había salido con otros chicos, jamás tuve la sensación de enamorarme y jamás dejé que las “salidas” que es como se llamaba entonces, se alargaran en el tiempo, imposibilitando de raíz el que el amor surgiera.

Yo entonces no quería enamorarme, el mundo era muy grande, había tantas cosas que ver, que vivir. Para ello tan solo necesitaba una cosa, Libertad.

La Libertad pronto se me antojó un premio caro que pagar, entre otras muchas cosas exigía una gran dosis de soledad en el camino. Por lo que las parejas, celosas todas ellas de mi despegue emocional, eran un hándicap para descubrir el mundo.

Pronto descubrí que con catorce años no se tiene Libertad, sino pájaros en la cabeza. La Libertad requiere de más medios para poder ser vivida, como adolescente me rebelaba contra la autoridad, que por cierto era bien poca, que mis padres-dueños, ejercían sobre mí. Mientras esperaba a que los años pasasen cuanto antes (tonta de mí) conocí a la persona de la que me enamoré.

Tal vez porque nos veíamos muy poco, de fin de semana en fin de semana, a veces pasaba incluso más tiempo. Esa relación no se me hacía agobiante sino todo lo contrario, siempre estaba deseosa de que llegara ese momento de verle. Tal vez porque me sentía protegida como nunca, como una flor que marchita y revitalizaba en sus brazos cuando llegaba el momento de poder juntarnos, como las gotas de agua que horada las rocas, el amor me fue calando poco a poco.

Con veinte años me casé. Como rebelde sin causa que era, rompí una de las mayores tradiciones de una novia, que el marido no vea el vestido antes de la boda, este ritual o tradición siempre me pareció una tontería y no lo respeté en ninguna de mis dos bodas, por si acaso recomiendo que no se siga mi ejemplo ya que ambos matrimonios, terminaron fracasando.

Con veintidós años fui madre y después a los veintiséis.

Ser madre, es una de las cosas más alucinantes y maravillosas que he hecho en la vida. Ser madre, cambió mi manera de ver la vida desde el momento en que me quedé embarazada de mi hija mayor. Nació en mí un sentimiento de protección tan grande, un amor tan incondicional, que se me antoja no puede ser comparado con ningún otro. Amo a mis hijos de una manera tan natural que como un animal, mataría literalmente por ellos. Disfruto sus risas, adolezco sus penares, de una forma tan honda que parece que soy yo quien las viva.

Tengo dos hijos maravillosos, de los que me siento enormemente orgullosa.

Con treinta años, me separé de su padre. Aunque ellos eran y son parte enormemente crucial en mi vida, mi espíritu inquieto siempre ha buscado más, necesitaba encontrarle sentido a mi existencia individual para poder desarrollar mi Yo. Necesitaba romper con todo lo creado hasta entonces, que me parecía más una inducción del rededor que creación propia. Mío, solo eran mis hijos, así que rompí con todo lo conocido y con aquellos pequeños seres me fui a buscarme. También me acompañaban mi hermana y mis dos sobrinas, hijas postizas que amo con locura.

Durante cinco años mi vida fue un caos, en el que aprendí a descubrirme, a conocerme, a sacar del fondo de mi alma todos esos traumas que me paralizaban y me impedían ser yo misma y quererme.

Caro era el precio de esa Libertad,  caro me lo cobró a mí y a mí alrededor. Pero cuando se está dispuesta a pagar el precio las recompensas son enormes.

A mis treinta y seis años, conocí al que iba a ser mi segundo marido. Persona a la que aprecio y que nunca dejaré de agradecerle lo gran amigo que ha sido siempre, no así pareja.

A los cuarenta y cinco volví a casarme, no sé muy bien porqué, tal vez porque él quería una boda y realmente fue una bonita boda, con la gente que queríamos tener a nuestro lado. Día que recuerdo con cariño y la extrañeza de que siempre que buscaba a mí ya entonces marido, nunca estaba a mi lado. Preludio de lo que sería nuestro matrimonio.

Los amigos están cuando se los necesita y ciertamente como amigo siempre estuvo ahí. Como marido siempre me pasé la vida buscándole.

Hasta que me cansé. Tras siete turbulentos años en los que la familia y mi propia salud ocuparon todas mis energías y dedicación, la vida me dio una tregua. Mantuve con él una última conversación en la que puse de manifiesto que nuestra pareja no funcionaba, que solo tratando de reconquistarme, puede que tuviéramos un futuro. Pero no fue así. Pasaron año y medio en los que supimos mantener la mayor de las distancias en cuarenta metros. Poco a poco la soledad en que vivía se me hacía más palpable, con el tiempo me resultó hasta agradable y cómoda. Cada mañana me despertaba sintiendo que esa situación en cualquier momento iba a saltar en pedazos, aunque nunca imaginaba cómo ni cuándo.

Ocurrió de la manera más insospechada. Mi primer marido se separó y tras dieciocho años de escasa o ninguna comunicación, empezamos a hablar a través de una red social.

En los diecinueve años de separación, había miles de cosas que nunca aclaramos, nunca hablamos.

Poco a poco empezamos a reencontrarnos, yo escuchaba sus penas y él las mías y nos fuimos convirtiendo en un apoyo diario a cuatrocientos kilómetros de distancia.

Ambos nos sentíamos dichosos de haber recuperado esa amistad que siempre nos unió y por circunstancias de la vida se había truncado. En julio pasado fuimos de vacaciones al hotel donde trabaja, en gran parte por acompañar a mis hijos, que tenían una relación muy deteriorada con él.

Fue increíblemente extraño reencontrarnos como amigos. Al volver seguimos en contacto por la red social, seguíamos por un lado sacando retazos del pasado sin aclarar y por otro hablando del presente que los dos vivíamos.

Allá por el mes de Agosto, fui consciente de que me interesaba más ver que él se había conectado, que lo que mi marido me tuviera que contar, que era poco o nada.

Supe que había llegado el cómo y el cuándo. No podía seguir en esa extraña situación en la que se había convertido mi extraña pareja.

Fue muy doloroso para mí tomar esa decisión, porque él siempre se negaba a entender que no estábamos bien como pareja y por lo tanto le iba a causar dolor. Con los días no solo lo entendió, sino que reconoció que no me amaba, cosa que no puedo reprocharle, puesto que o se ama o no, a eso nadie puede obligarte. Sé que me quiere enormemente, como persona, como amiga, como compañera de largo tiempo en su vida, también sé, como he sabido hace muchos años ya que no me amaba como mujer. Cuestión que durante mucho tiempo, causó grandes frustraciones en mí, sintiéndome infravalorada, fea y despreciada, ya que él siempre me negaba que eso fuera así, pero sus actos jamás coincidían con sus palabras.

No puedo explicar muy bien que sucedió con Javier, padre de mis hijos, ya que ninguno de los dos lo tenemos muy claro. Solo podría resumirlo como que el uno en el otro encontramos de nuevo la vida. Diecinueve años cambian mucho a las personas y a los dos nos agradó lo que fuimos encontrando el uno en el otro. Empezamos viéndonos poco y comunicándonos mucho, hasta que decidimos que porque no probar a estar más juntos. El hecho de no tener trabajo yo, facilitó el que pudiera trasladarme con más asiduidad y poco a poco hemos empezado de nuevo una vida en común. Una vida, que nos está resultando más fácil de lo que ninguno pensamos, pues existe una naturalidad en nuestra convivencia, realmente sorprendente, como si la ausencia de casi veinte años jamás hubiese existido, como si la vida siempre hubiera sido así.

Cierto es, que los dos sabemos que no, que por medio ha habido mucha vida y en muchos casos, mucho dolor, por lo que mimamos cada instante de esta nueva oportunidad como un regalo que la vida nos trae y agradecemos profundamente.

Y así hemos llegado al día de hoy, 26 de diciembre de 2013, donde cumplo 50 años sorprendentes en la vida.

Porque como le dije un día. “La vida es mágica si sabes mirarla”

Se hace camino al andar

<b> Se hace camino al andar </b>

Estoy viviendo una nueva vida, se que puede sonar extraño que cerca de mi medio siglo de vida se pueda comenzar de nuevo. Pero en eso estamos.

Voy volviendo al Hermetismo, en realidad nunca lo he dejado, ya que eso es imposible. Vivo el Hermetismo, pero he de reconocer que en estos últimos años mi actitud ha sido cuanto menos relajada.

Estos últimos años han sido muy agitados. Realmente estos 10 últimos años han sido muy de centrarme en los problemas familiares, esos que empezaron con la muerte de mi madre y continuaron con cuatro operaciones de rodilla para finalizar con la muerte de mi padre. Estaba tan absorvida con la vida misma, que no tenía tiempo para mí.

Cuando todo se acabó, cuando ya todo pasó y miré mi vida, me encontré un sin sentido. Cada mañana me levantaba sintiendo que esa vida no era para mí, no era lo que yo quería. Una voz interna me decía espera, tranquila, todo esto cambiará. 

Cierto que en esos momentos no se me pasaba por la imaginación qué o cómo podría suceder tal cambio, pero la realidad es que sucedió.

Para empezar fui capaz de darme cuenta que tanto como mi marido como yo misma hacía tiempo que habíamos dejado de amarnos. Bueno yo sabía que él no me amaba a mí, pero también sabía que hacía tiempo que yo había dejado de luchar por esa relación.

Encontré a mi ex marido y encontré a una persona nueva,que me apetecía reconocer y con ese encuentro llegó de nuevo el Hermetismo. 

Así que en eso estoy, he cambiado de lugar de residencia, he cambiado mi forma de vivir y he recuperado mis ansias de autoconocimiento y crecimiento interior.

Realmente me siento una persona muy afortunada y agradecida a la vida. Es bonita volver a empezar a vivir.

Y volvió el Amor (con mayúsculas)

<b>Y volvió el Amor (con mayúsculas)</b>

No sé como pasó, vamos si lo sé. Lo recuerdo todo palabra por palabra, pero no lo busqué, ni lo imaginé, pero sí sucedió.

Javier y Yo hemos vuelto a Amarnos, que no enamorarnos.

20 años después estamos re-conociendonos, porque ambos somos nuevos el uno para el otro.

Realmente es una situación extraña y curiosa. Por una parte siento la confianza de siempre, de ese alguién que es ALGUIEN en mi vida, pero por otro lado, es nuevo. Han pasado muchas cosas en nuestras vidas, obviamente no somos los mismos, de lo cual me alegro, porque aquellos se separaron hace 20 años y nunca por mi parte pensé en volver.

Me gusta el Javier de ahora, el hombre maduro, curioso, inteligente. Ese hombre que escucha, respeta y me ama más y mejor que el de antaño.

Se que es muy raro, pero tras veinte años estoy amando a mi ex, que ya no lo es. Al padre de mis hijos. A mi rubito.

Que cosas pasan...

¿Cuán ignorantes o sabios somos? (50 puntos).



1.- El ignorante se burla, el sabio se ríe de la burla y se apena del que lo hace,

2.- El ignorante señala como loco al que no comprende, el sabio sabe que el loco es el que lo está señalando y siente compasión por él,

3.- El ignorante se aburre y busca distraerse, el sabio siempre está alerta y atento,

4.- El ignorante lucha por sus gustos, el sabio no lucha, encuentra el gusto en lo que tiene a la mano,

5.- El ignorante acepta dañarse con tal de obtener placer, el sabio rechaza todo aquéllo que pueda ser nocivo para su cuerpo, mente y alma, 

6.- El ignorante vive con máscaras en una zona de confort, el sabio da la cara a la vulnerabilidad y siempre aprende,

7.- El ignorante desprecia la bondad del desconocido y desconfía, el sabio confía en que la bondad está en cualquier ser humano, 

8.- El ignorante es indiferente con quien es sensible, el sabio es sensible y a nadie trata como diferente, 

9.- El ignorante tiene pretextos para no cambiar, el sabio tiene razones para hacerlo,

10.- El ignorante defiende su individualidad, el sabio encuentra la unidad en su mente y corazón,

11.- El ignorante cree que el ego es su identidad, el sabio sabe que el ego es una herramienta, 

12.- El ignorante se aferra a la realidad, el sabio se libera a la verdad,

13.- El ignorante se ríe de otros, el sabio se ríe con otros y de sí mismo,

14.- El ignorante le importa lo que dicen los demás, el sabio le importa lo que le dice a los demás, 

15.- El ignorante reacciona y lastima, el sabio acciona y sana, 

16. -El ignorante se transforma cuando está con los demás, el sabio transforma a los demás, 

17.- El ignorante ve la vida como algo normal, el sabio percibe la vida como algo extraordinario,

18.- El ignorante niega sus defectos, el sabio conoce lo que debe trabajar para trascender,

19.- El ignorante ladra cuando le dicen verdades, el sabio habla verdades, 

20.- El ignorante se siente satisfecho siendo como es, el sabio nunca deja de revolucionarse a sí mismo,

21.- El ignorante se enoja con lo que la vida no le ha dado, el sabio agradece con lo que la vida le ha dado,

22.- El ignorante cree en la justicia, el sabio es justo y sabe que lo único que existe es lo exacto,

23.- El ignorante necesita perdonar, el sabio olvida y aprende, 

24.- El ignorante cree que sabe mucho, el sabio sabe que siempre habrá algo que ignora,

25.- El ignorante busca la paz y la libertad en lo externo, el sabio las encuentro en lo interno,

26.- El ignorante cree que la sensibilidad es una debilidad, el sabio sabe que la sensibilidad es una fuerza,

27.- El ignorante no se cuestiona sobre la vida porque dice que no existen todas las respuestas, el sabio sabe que en la pregunta está la respuesta, 

28.- El ignorante pide que respeten su estupidez, el sabio se respeta y no hace estupideces,

29.- El ignorante se aburre con la sabiduría, el sabio se maravilla con su ignorancia, 

30.- El ignorante dice amar a los suyos, el sabio no dice nada y ama a todos por igual,

31.- El ignorante convierte el dolor en lamento, el sabio convierte el dolor en aprendizaje y después en enseñanza, 

32.- El ignorante teme confundirse, el sabio se confunde y renace, 

33.- El ignorante se enfada con la luz, el sabio se despierta con ella, 

34.- El ignorante se rodea de ignorantes para sentirse bien, el sabio no necesita de otros para bastarse a sí mismo,

35.- El ignorante anda en manada y se siente solo, el sabio anda solo y se siente acompañado, 

36.- El ignorante se siente pequeño con lo grande, el sabio crece con lo grande, 

37.- El ignorante busca ser feliz en su jaula, el sabio busca con felicidad cómo salir de ella, 

38.- El ignorante se acostumbra a sus cadenas, el sabio se desencadena de las costumbres,

39.- El ignorante intenta, el sabio acciona,

40.- El ignorante mira, el sabio observa, 

41.- El ignorante oye, el sabio escucha, 

42.- El ignorante habla y se calla, el sabio se calla y luego habla, 

43.- El ignorante se sacrifica, el sabio se desapega, 

44.- El ignorante pide por sí mismo, el sabio ora por el mundo entero, 


45.- El ignorante ve coincidencias, el sabio ve sincronicidades, 

46.- El ignorante compite y presume, el sabio se cultiva y comparte, 

47.- El ignorante aleja al sabio por temor, el sabio se aleja del ignorante por amor,

48.- El ignorante cree en la esperanza, el sabio crea la esperanza,

49.- El ignorante tiene un destino que seguir, el sabio no va más allá de todo camino,

50.- El ignorante es un sabio que duerme, el sabio es un ignorante que ha despertado.

-Nadim David- (NHL)

Las Vueltas Que Da La Vida

<b>Las Vueltas Que Da La Vida</b>

Desde hace un pequeño tiempo, alguien del pasado ha vuelto a mi vida.

De renpete aparecen respuestas a esas cuetiones que ya se daban por perdidas, repuestas que ya ni se esperaban, pero como todo lo pedido al Universo, se hes dado y concedido.

Respuestas a preguntas que ya ni se recuerdan, porque en el duro empeño de borrar malos momentos,  se perdieron muchos buenos, se perdieron las respuetas, se perdieron las preguntas.

Todo es elíptico y circular, todo se va y todo vuelve y todo, absolutamente todo, vuelve a tú vida.

Doy gracias por poder resolver este tema en esta vida, no es que me vaya a quitar muchas reencarnaciones, pero por lo menos una.


Añoranzas

Añoro el otoño.

Me gusta la calidez de sus sonidos. Ruidosos pero apagados por los cristales, que ya empiezan a resguardarnos del frio venidero.

Añoro la rutina.

Me gusta ser rutinaria, cada día más. No se voy para vieja o para bebé, pero adoro la rutina de un niño.

Añoro a mi hermana pequeña.

Paso tanto tiempo con ella y hablamos tanto, que este lapsus Agostil, se me está haciendo interminable.

Añoro a Cris.

Esa compañía constante aunque a veces silenciosa, que está siempre cerca de mí. Esa cualidad de hacerme reír y seguirnos los vaciles.

En realidad, creo que no soporto Agosto. Sus calles vacías, negocios cerrados, horas interminables de calor, que aunque son menos que en Julio, este último se me llevó toda la energía veraniega. Televisión aburrida, periódicos sin noticias, sin cine que bajarse, ni series, ni música. AHHHHHHHHH, esto es desesperante.

Que vuelva la normalidad, porfis, porfis, porfis.

Añoro el otoño.